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Archive for junio, 2008

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Qué decir… qué vergüenza

Qué decir de la votación de la directiva de la vergüenza.

Qué decir del papelón de los eurodiputados socialistas españoles.

Qué decir, en fin, que no hayan dicho ya don Ricardo, Álvaro o mi señor padre, entre otros muchos.

Qué vergüenza.

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El encanto del color fucsia

En plena campaña electoral, el pasado marzo, paseaba por el centro de Madrid con unos amigos y, junto al Teatro Real, nos topamos con un mitin callejero de UPyD. No estaba Rosa Díez, pero sí Álvaro Pombo y Fernando Savater. Y, sobre todo, estaba un conocido al que hacía mucho que no veíamos. Como nos conocíamos de ambientes militantes muy diferentes al de UPyD, nuestra sorpresa fue mayúscula. Nos chocó ese ‘viraje’, y a él le incomodó visiblemente encontrarnos. Intercambiamos cuatro frases algo inconexas…

-Qué estupendo ese color tan fucsia -le comentó uno de mis amigos.

-Sí -contestó él -: es lo mejor que tiene el partido, el color.

Tal cual, no es broma. Esa fue su respuesta. Nos despedimos cordialmente, y ahí quedó la cosa.
Esta tarde, al leer una noticia sobre las preguntas registradas por Rosa Díez en el Congreso interesándose por las “patentes ilegalidades”, según ella, en el nombramiento de la directora del Centro de Investigaciones Sociológicas, y sin enterarme mucho más de qué iba la vaina, he tenido un puntito de esperanza. No sé si Rosa Díez tiene o no motivos para pensar que tal nombramiento ha sido ilegal, pero por un momento he querido creer que la ex eurodiputada del PSOE dedicaba su tiempo y su sueldo a algo más que al temazo por el que se ha hecho tanto hueco en los medios de comunicación ultraconservadores: el “todo es ETA” y su nacionalismo español recalcitrante.
Mi gozo en un pozo. En la página web de su partido, según he podido consultar, la inmensa -inmensísima- actividad parlamentaria y política de esta mujer sigue ocupada por estas cuestiones. ¿Alguien sabe qué opina Rosa Díez, que durante 8 años ha ocupado un escaño en el Parlamento europeo, de la subida de la semana laboral máxima a 65 horas? Por lo visto, nada.
¿Alguien sabe qué piensa esta diputada por Madrid del deterioro de servicios públicos en esta Comunidad Autonónoma, que últimamente está encontrando grandes respuestas de movilización social? Por lo visto, nada.
¿Alguien sabe qué política educativa defiende Rosa Díez más allá de su obsesión con la supuesta discriminación del castellano en comunidades con lenguas propias? Por lo visto, ninguna.
No me extraña que hasta sus militantes y voluntarios de campaña lo tengan así de claro: el color fucsia es lo mejor que tiene el partido. No sé si es poco… ¿pero, es suficiente?

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Días que hay en mí

Algunos días me siento
como un domingo
y da igual que estemos a lunes, martes
o jueves:
me siento como un domingo
y atardezco
más despacio que nunca
y alongo mis horas sobre una baranda
desde la que busco con la vista y el olfato
un sol frío de enero,
una lluvia de abril
o una piscina recién abierta en junio
o a punto de cerrar en septiembre.
Libre y apresado,
lagartija coja,
recorro una inmensa grieta,
y da igual que sea miércoles o sábado,
porque yo soy aproximadamente
un vermú a mediodía
y una sobremesa adormecida
y un examen por estudiar
y una llamada perdida
y una esquela inesperada
y una vida por delante.
Por el contrario,
algunos domingos no sé quién soy
y ni siquiera
me siento.
Entonces, simplemente,
me dejo llevar.
Y durante unas horas,
todo parece más fácil.

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Lo mejor que tenemos

Ayer fui uno de los voluntarios y voluntarias que colaboraron en la comida ‘Recuperando Memoria 08’, el acto de homenaje a personas que sufrieron persecución y cárcel durante la dictadura por su compromiso antifranquista. Y fue precioso. Una vez más, mi ciudad, Rivas Vaciamadrid, acogió un evento así trascendiendo lo que es simplemente el empeño de una institución, en este caso su Ayuntamiento; un evento respaldado activamente por los ciudadanos y ciudadanas de Rivas, que lo hicimos nuestro. Y es que fuimos más de 80 personas quienes componíamos ese cuerpo de voluntariado: 80 vecinos y vecinas de Rivas, algunos amigos y amigas, otros tantos cuya cara me sonaba de verlos en el Recuperando Memoria de 2004, en el Foro Social Mundial de las Migraciones, o en iniciativas asociativas varias. Nos dimos cita a las 12 para tener todo a punto. La emoción y los nervios ya nos revoloteaban en la boca del estómago. Un técnico de la concejalía de Juventud, que integraba el equipo de coordinadores de voluntariado, nos relajó y mimó con unas sabias palabras: “Antes que nada, fuera estrés, fuera agobios. No somos camareros. Vamos a dar de comer a gente que, sobre todo, está siendo homenajeada. Vamos a acompañarles, así que relajaos y disfrutadlo”. Y así fue.
Cuando empezaron a llegar personas homenajeadas, cada cual fue a su mesa de referencia para atender, ayudar, orientar. Desde la mesa que custodiaba, me fijé en la de al lado. Allí estaba, de pie, hablando con un compañero de Izquierda Unida de Rivas que también era voluntario, ella. La reconocí enseguida. Fernanda tiene en su rostro, en sus ojos, en la forma en que se atusa el pelo, y en la ternura enérgica con que mueve las manos al hablar, la evidencia de su belleza: es una mujer que debió de ser guapísima de joven, y que aún hoy, con sus casi 80 años y ese aire de abuela coqueta, lo es. Fernanda es vecina de Rivas y yo la conozco de vista y de oídas; nació en los albores de la II República en Asturias, y tras la represión de la Revolución de Octubre, fue una de tantas niñas y niños que salieron de sus pueblos para venir a estudiar a Madrid, en su caso en un trayecto con la mismísima Dolores Ibárruri. La luz de toda su vida proyecta una historia en la que guarda no sólo la memoria de lo que ella pasó como ‘niña de la guerra’, sino la memoria de sus padres, que de alguna manera, también ayer recibieron ese mismo homenaje.
Mientras pensaba todo esto, mirándola, me fijé en que el compañero de IU con el que ella hablaba, me señalaba. Parecía que estaban hablando de mí. Fernanda asintió y, tras ubicarme visualmente, vino hasta donde yo estaba y me dijo: ‘Así que tú eres el famoso Curro, tenía yo ganas de conocerte’. Resulta que, por sus relaciones con Tania y sus padres, y de oídas de aquí y allá, había hablado de mí y quería saludarme. Qué honor. Estuvimos hablando largo y tendido, me contó que tiene montado un DVD con fotos y vídeos de testimonios donde se recoge toda la historia de su padre, me dijo que algo teníamos que hacer para darle salida y difundirlo, me volvió a abrazar cuando le dije que mi abuela había sido presa en Ventas (‘¿Carmen Almazán? Pues me suena su nombre, me tengo que enterar, me tengo que enterar’) y, lo mejor, me advirtió de la impresionante calidad de sus empanadas caseras y me invitó a su casa a probar alguna (‘¿De qué te gusta, de carne, de atún, de pulpo…’?). Eso está hecho, Fernanda.
Fernanda estaba sentada junto a Julia, una veterana compañera de Izquierda Unida con otra impresionante historia -la bautizaron dos veces, y, una de ellas, en un internado franquista, la mismísima Carmen Polo fue la madrina de honor-, y junto a otra de mis abuelas ripenses favoritas, Vicenta, abuela de una amiga, que luchó por sacar adelante su familia mientras su marido sufría condena en el Penal de Burgos. Durante la comida, no pude evitar echarles un ojo, desde mi mesa, de vez en cuando. Las tres conversaban, se reían, tejían complicidades, brindaban. Acotar la muchedumbre de 500 personas que allí se congregaron al detalle de ellas tres, abstraer ese retrato por un momento del mogollón general, me sirvió para valorar lo que estábamos haciendo. Como ellas, el resto de personas homenajeadas, se reencontraban con antiguos conocidos, con su lucha, con su vida ahí, floreciendo todavía. Ellos y ellas son lo mejor que tenemos.
PD: No pienso hablar de Bono y de sus desfachateces. Allá él. Sólo espero que algún día, si esa tricolor tarda en volver a ser nuestra bandera con todas las de la ley, al menos disfrutemos de unas instituciones y unas autoridades democráticas capaces de reconocer que si están ahí no es porque sus cargos les hayan caído del cielo. Sólo espero que algún día, alquien que sea Presidente del Congreso de los Diputados -oficialmente segunda autoridad del Estado, justo por debajo del Rey y, aunque sea simbólica, formal o testimonialmente, por delante del Presidente del Gobierno- no pueda permitirse impunemente esos ejercicios de indecencia política.

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Llévame a la verbena de San Antonio…

Un año más, este viernes llega San Antonio y viste de verbena todo el Parque de la Bombilla a lo largo de la semana. Un año más, iré con algunos amigos a inaugurar el maratón de fiestas castizas estivales, y por supuesto, a hacer cola en la pila a la puerta de la Ermita, con mis trece alfileres en el bolsillo, para comprobar -entre una masa de estupendas solteras cincuentonas muy curiosas y cotillas- cuántos novios me tocan en los próximos doce meses…, aunque en verdad de paso pondré una reclamación al Santo, porque, queridos lectores y lectoras, el año pasado se me quedaron prendidos tres alfileres y aún estoy esperando a esos tres gomosos, con su gorra de chulapo, sacarme a bailar un chotis.
Sea como sea, este año las fiestas van a estar animadas. Esta noche, a las 22:30, concierto de Vetusta Morla, una banda de pop-rock indie que me recuerda a una deliciosa mezcla entre Muse, Radiohead y Los Planetas, al que pienso a ir a saltar entre limonada y limonada con Tania. Y, tachán, tachán, el viernes 13 (sic) será el gran día: además de la sesión alfiletera, ¡¡concierto de La Casa Azul!! Será a las 22 horas. ¿¿¡¡Quién se apunta!!??

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Abstención

La abstención me parece una opción legítima ante la toma de una decisión. Nunca he entendido eso de “si te abstienes, no podrás quejarte luego”, esa frase que se usa desde todos los posicionamientos políticos como un último intento desesperado para convencer desapasionadamente a un interlocutor escéptico. Creo que, de la misma manera que yo tengo mis razones para tomar partido en la forma en que lo tomo, la gente que se abstiene también tendrá sus razones. Y de eso es de lo que hay que hablar al debatir: de las razones de unos y otros.

Algunas abstenciones llenan titulares y titulares, justificándose el ruido mediático en la gravedad de la incompresión general a sus razones. Que pregunten por Mondragón.

Sin embargo, otras abstenciones, también de importantísima trascendencia, apenas se comentan. Ha salido en todas partes la noticia de que se ha aprobado una directiva europea que eleva la semana laboral máxima a las 65 horas. Pero no ha sido tan difundido, ni mucho menos, que la postura de Corbacho, nuestro ministro de Trabajo, ha sido la de la abstención. Y aún no sabemos sus razones. Dice el titular de ese Ministerio que esta medida acerca Europa más al siglo XIX que al siglo XXI… cosa que parece innegable, y sin embargo, en lugar de votar en contra, se ha abstenido. ¿Por qué? Que me ahorquen si lo entiendo.

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