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La sonrisa de Trinidad Jiménez

Hay sonrisas ciertamente inquietantes. Que se lo pregunten a La Gioconda de Leonardo Da Vinci, a cuyos pies se amontonan (cristal blindado mediante) más de seis millones de turistas al año en el Louvre de París. La de Trinidad Jiménez, por su parte, siempre me ha parecido que no dejaba de tener su aquél de inquietud. No tiene esa huella de espejismo, ese enigma encriptado, de la obra renacentista; es, en el mejor de los sentidos, una sonrisa de lo más normal. Una sonrisa desinhibida, envolvente, que actúa como la mejor tarjeta de presentación para un personaje que cae bien. Y, sin embargo, hay un halo de inquietud cosido a esa sonrisa de la Ministra de Asuntos Exteriores.

Trini resulta simpática, en general. Lo he contrastado, al hilo de las primarias del PSM, en mi entorno y en cualquier cafetería donde en la mesa de al lado se estuviera hablando del tema. Su “buena imagen”, su “cercanía”, su “energía positiva” han aparecido siempre, en su proyección pública, como un reflejo sincero de su manera de ser. Desconozco si es así o no, pero no tengo motivos para desconfiar de ello. Probablemente, Trinidad Jiménez sea una mujer de carácter afable. Sin embargo, a la vez, durante mucho tiempo no he podido dejar de preguntarme cómo ese carácter cordial y majo pesaba en esa imagen pública más que su primeriza evidente indefinición política (su candidatura a la Alcaldía de Madrid es recordada como una celebración de la inanidad programática, más allá de los Trinimaratones de humo y márketing) o que sus posteriores difícilmente defendibles hitos como gestoras (con esos 92 millones de euros que, en plena crisis económica, se invirtieron en vacunas para una pandemia inexistente de Gripe A). He ahí mi inquietud: ¿cómo puede una sonrisa de oreja a oreja ser capaz de tapar una realidad con más sombras que luces?

Pero ayer me di cuenta de que mi dilema estaba mal planteado. Porque ayer, cuando vi esta fotografía de 2003 con una Trinidad Jiménez (cómo no) sonriente con una pegatina por el ‘Sahara Libre’ en la solapa, entendí que el problema de Trinidad Jiménez no es la hipocresía ni el cinismo premeditado. Trinidad Jiménez no usa su imagen afable y simpática para hacernos creer lo que no es; Trinidad Jiménez no es más falsa que Judas ni entra en su estilo dar navajazos por la espalda mientras su sonrisa permanece grapada a su rostro.

La sonrisa de Trinidad Jiménez, en verdad, no tiene trampa ni cartón. Tanto es así, que la pregunta no es cómo esa sonrisa compensa cualquier metedura de pata de Trini, sino cuánto va a durar la virginidad de la mueca. Porque es cuestión de tiempo. El problema de Trinidad Jiménez no es que con su vergonzosa indiferencia hacia el genocidio contra el pueblo saharaui se esté desdiciendo de lo que proclamaba hace sólo siete años. La gravedad no está en esa supuesta hipocresía, porque con toda seguridad Trinidad Jiménez no acudió a aquel acto en solidaridad con el Sahara ni se puso la pegatina por convicción. Sencillamente lo hizo porque tenía que hacerlo, porque es lo que tocaba. Y con gran desparpajo de oreja a oreja, oigan. Ahora lo que le toca es “poner por delante los intereses de España”, blindar las “relaciones con nuestro socio prioritario Marruecos” como un “tema de Estado” y dirigir la diplomacia de España como el “país prudente” que somos.

La sincerísima y cercanísima sonrisa de Trinidad Jiménez seguirá luciendo la misma artillería simpática, y la inquietud asociada a la seducción que provoca esa mueca se irá desvaneciendo porque, a pesar de todo, caer bien en una primera impresión no vale de mucho cuando es lo único en claro que se saca de tu historial.

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  • Hipocritas.

    Anonymous

    15/11/2010

  • A mi da un poco de lástima, la verdad, porque no paran de meterle goles. Primero la gripe A (hizo lo que tenía que hacer, si las farmacéuticas no hubieran untado a la OMS y hubiera sido una amenaza real, qué político asume sobre su cabeza la alarma social y la posible muerte de ciudadanos y ciudadanas por ahorrarnos unos durillos en vacunas??), luego las primarias del PSOE y ahora le ha estallado en las narices la bomba de relojería que es el problema no resuelto del Sáhara.
    Tienes razón en lo que dices, pone la cara que toca en cada momento, igual que el resto de sus compañero@s de partido, es la disciplina del psoe.
    ¿Pero por qué este miedo a condenar la violencia de Marruecos? ¿Se cree que por no hacerlo Mohamed nos va a dejar pescar tranquilos? ¿No se dan cuenta del ridículo que están haciendo? ¿No se dan cuenta de que por mucho que miren a otro lado el problema no va a desaparecer? 35 años vienen ya siendo unos cuantos como para empezar a resolver un problema donde España tiene toda la responsabilidad.

    Myriam

    15/11/2010

  • Myriam, lo de la gripe A tampoco tiene excusas. Me resulta difícil entender que un gobierno considere suficiente razón la presión de la alarma social y las indicaciones interesadas de la OMS para desvalijar más de 90 millones de erario público, sobre todo porque ya entonces había también voces de la comunidad científica y médica que advertían de la sobredimensión de la "pandemia". Pero incluso aceptando barco como animal acuático, ¿por qué, habida cuenta después de que esa "crisis de salud pública" era un chiringuito del lobby farmaceútico, no se le han pedido explicaciones a ese sector industrial ni se ha vuelto a mencionar públicamente el tema?

    Puede que Trinidad Jiménez esté gafada y, a su llegada a nuevas responsabilidades siempre le acompañen las peores circunstancias posibles, pero ella, además de esa continua pose de "porque yo lo valgo", no recuerdo que haya aportado políticamente nada solvente como gestora.

    Determinadas cosas que me parecen más defendibles en su papel como Ministra de Sanidad, como la lucha por los derechos de los no fumadores, en realidad eran la continuación del buen trabajo que ya hicieron Elena Salgado o Bernat Soria antes. Y cuestiones sobre las que han alabado como su labor en Dependencia son sencillamente espejismos: fue con ella como ministra de Sanidad y Política Social cuando el Gobierno dictó el "decretazo" por el que se elimaban las compensaciones económicas de retroactividad en la concesión de ayudas a dependientes, medida regresiva con la que se premió a las comunidades autonómicas que, como la de Madrid, obstaculizan la aplicación de la Ley de Dependencia.

    Curro Corrales

    16/11/2010

  • Aun así, entiendo que se decidiera gastar el dinero en las vacunas, ya sabes lo que dicen las madres, “mejor prevenir que curar”. Y tienes razón en lo que apuntas, una vez resuelto que el tema de la gripe A no era otra cosa más que una artimaña a nivel mundial para sacarle los cuartos a los indefensos, habría que haber actuado, contra la OMS, contra las farmacéuticas y exigir la restitución de los millones saqueados.

    Yo no la defiendo en absoluto, sin embargo creo que aunque uno continúe el trabajo de otro, no le resta valor a su trabajo, todo lo contrario, a pesar de las presiones que del gremio de los hosteleros, de las absurdas campañas de desinformación y las amenazas de que van a terminar en el paro, aun así sigue imparable la ley contra el tabaco. A partir del 2 de enero podre tomarme un café tranquilamente en cualquier bar sin tener al lado a nadie intoxicándome con su humo. Vamos, lo mismo que se puede hacer en muchas ciudades europeas sin que haya pasado nada más que la mejora de las condiciones de trabajo de los y las trabajadoras de la hostelería y la mejor atención a las y los clientes.

    Pero a lo que iba tu post no era a criticar lo que hace, sino lo que no hace, y lo que no está haciendo ningún socialista, que es posicionarse, todos callados, en silencio, tal vez no se den cuenta que de alguna manera, el silencio les hace cómplices, y que la falta de respuesta, es una respuesta en sí misma.

    Myriam

    18/11/2010

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