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Los mismos problemas

El opinador profesional a costa del contribuyente madrileño Hermann Terstch grabó su monólogo de valoración de la Huelga General del 14-N antes de que ésta comenzase, en un alarde de pitoniso que no nos esperábamos del hombre al que más vale que no te cruces en ningún bar a altas horas de la noche. Terstch ya aseguraba el fracaso rotundo de la Huelga, en ejercicio más arriesgado que el del Gobierno mismo, que sacó por la mañana de ayer a la Directora General de Política Interior (con menos tablas en la oratoria en público que el mudo de los hermanos Marx) para hablar de la “normalidad” de la jornada.

Pero las más curiosas valoraciones vinieron del lado del contrapiquete patronal. En un asombroso ejemplo de malabarismo, el jefazo de la CEOE, Rosell, señaló en una misma frase la “insignificancia” del impacto de la Huelga y su condición de “torpedo para la recuperación económica”. Y yo me pregunto, si tan insignificante fue, si apenas tuvo seguimiento, si no fue secundada prácticamente, ¿cómo es posible que la actividad normal se paralizase hasta el punto de ponerse en riesgo la recuperación económica –algo que, por otro lado, es una quimera incluso en los rezos de Fátima Báñez y Ana Botella-?

Lo que de verdad resultó previsible no fue el “fracaso de la huelga”, como quiso proclamar en diferido Hermann Terstch, sino la cascada de comentarios deslegitimadores de la misma venidos desde la patronal, la caverna mediática y el Gobierno y el partido que lo sustenta. Y, en el corazón de la previsibilidad, el argumento estrella que nunca falta en estas ocasiones y que Terstch volvió a sacar a la palestra: la Huelga es inútil puesto que, una vez pasada, “España sigue teniendo los mismos problemas que hace 24 horas”.

Efectivamente. El paro sigue creciendo cada día a pesar de una reforma laboral que, nos decían, abarataba el despido como estímulo para crear empleo. Continúan pendientes, a punto de ejecutarse, miles de desahucios ordenados por una banca especulativa que no para de recibir dinero público con el que agranda el agujero negro en que nos ha metido. Se suben los impuestos a las familias trabajadoras mientras se premia el fraude fiscal. Etcétera. Pero el problema de fondo que ciertamente permanece inalterable, caiga quien caiga, es del quien, como Terstch, como la Directora General de turno, como el vocero patronal, construye un relato de la realidad en el que la culpa siempre es nuestra, de los de abajo. Cuando nos mantenemos quietecitos y asombrados por la velocidad a la que engordan las vacas, vivimos por encima de nuestras posibilidades. Cuando las vacas adelgazan y nos quejamos de la enorme estafa que presenciamos, somos unos irresponsables.

Pues sí: España sigue teniendo los problemas que ya nos estrangulaban el 13 de noviembre. Pero algo ha cambiado: cada vez más gente está convencida de por dónde pasa la solución. Cuanto antes lo comprenda Hermann Tertsch, antes se ahorrará repetir como un loro un pregón que es de todo menos nuevo. Le conviene leer o releer a Homero, a fin de cuentas, desde los griegos estamos con la misma “Odisea”.

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