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Las gafas de Toni

El pasado 11 de septiembre se conmemoraba el 40º aniversario del golpe militar que, con el patrocinio de los Estados Unidos y su secretario de Estado Henry Kissinger, terminó en Chile con el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende. Aquel 11-S de 1973 impuso, con Pinochet a la cabeza, una de las más sanguinarias dictaduras del Cono Sur y enterró el despertar esperanzador de un pueblo que había decidido escribir su destino de puño y letra. Las gafas de pasta de Allende son, todavía hoy, el símbolo de un Chile que lanzó una mirada diferente a su futuro.

Por las gafas de Allende veía todo un pueblo. La fuerza de aquel médico socialista que prefirió quitarse la vida antes que entregarle el poder a los militares vendepatrias, era la fuerza de cada chileno y de cada chilena comprometida con la meta certera de un país mejor. Y la fuerza de todos ellos y ellas juntas.

Este 11 de septiembre de 2013 nos despertamos con el fallecimiento de Antonio Navarro. De Toni, Toni “el Fotos”, ripense de pura cepa –con permiso de Carabanchel-, compañero de Izquierda Unida. Un vecino de Covibar, de los primeros colonos de las urbanizaciones de Rivas, testigo en primera línea de mil batallas con su cámara de fotos al hombro. Toni era un tipo tan discreto como auténtico. Con ese punto macarra, esa voz ronca, ese deje profundo en la mirada –capaz de traspasarte sin más ánimo que el de reconocerte como un igual-, esa sonrisa doblada, esa tenacidad luchadora. Toni era de esa clase de tipos que siempre te hacen reír y te trasmiten la verdadera ternura, ésa que descifra al lenguaje de las distancias cortas como una celebración de lo común, de la luz que podemos encender con nuestra sola presencia compartida, del abrazo que te inspira estar con los tuyos.

Puede que a veces se nos diluya en la vorágine del día y en el ruido de los bares y de la calle, pero conviene recordar y tener bien presente que las gafas de Toni –aunque parecieran de montura más fina- eran de la misma pasta que las de Allende. Porque los Allendes no pueden existir sin gente como Toni, que le echa a la realidad una mirada audaz y cálida. Y a través de esos cristales, como del objetivo de su cámara, nos asomamos a los momentos vividos no sólo como un registro del pasado, sino como una emoción vibrante de lo que somos capaces de hacer. En la retina de Toni estaba parte de lo mejor de esta ciudad: la complicidad enredada entre sus gentes. Por eso sus gafas son nuestras gafas. Y por eso le debemos el seguir asomándonos por ellas al mundo, porque es la manera más coherente y rotunda de ir por la vida como si fuese nuestra. Y el primer paso para que así sea.

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  • No sabía que habías cambiado de blog, ya te he incluido en mi lista.
    Me ha gustado mucho tu pequeño homenaje a Toni.
    Un beso.

    Antonio Rodriguez

    22/09/2013

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