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Un Primero de Mayo para señalar al Dinosaurio

Que me perdonen Augusto Monterroso y su célebre microcuento, pero nos hemos despertado de la larga noche de la crisis y el dinosuario todavía está ahí, aquí mismo. Va calando el relato de que no sólo hemos dejado atrás lo peor, sino que incluso la luz al final del túnel es una realidad. Nada que objetar a las tímidas señales de recuperación económica respecto a lo más hondo en que caímos, pero no está de más recordar que todo tiene un precio.

Más de 60.600 millones de euros públicos de las ayudas que directamente han ido a sufragar el rescate de los bancos no van a ser devueltas. Sumémosle a esto el ‘rescate bancario encubierto’ adicional que han supuesto los mecanismos de pago a proveedores que han disparado la deuda pública al convertir la deuda comercial de administraciones en financiera a intereses superiores al 6%, obligando –reforma constitucional mediante- a atender el pago de esa deuda bancaria antes que los servicios públicos. Metamos en la coctelera los recortes soportados por la sanidad y la educación públicas, el barbecho al que se ha condenado el desarrollo de la ley de dependencia, o los más de 400.000 desahucios ejecutados en España solo entre 2008 y 2015. El país de ‘después de la crisis’ es un país en el que hay 1,7 millones menos de empleos que en el país de ‘antes de la crisis’; es un país en el que el 39% de los trabajadores afirma trabajar más horas de las acordadas y a casi el 60% no se les paga nada por ello; es un país en el que está reapareciendo la burbuja inmobiliaria -en 2017, el precio de la vivienda terminada subió en 2017 un 17% en Madrid- que está inflándose especialmente en el mercado del alquiler; es un país en el que 1,2 millones de hogares tienen a todas y todos sus miembros en paro mientras las empresas del Ibex 35 cerraron el año pasado con un 20% más de beneficios.

El dinosaurio hoy, pues, se llama precariedad y desigualdad. Pero no sólo.

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