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Alcalde, ¿dictador?

Hoy ha habido Pleno Municipal en Rivas y, en el mismo, la derecha institucional local ha pretendido meter cizaña a propósito de la suspensión de los eventos taurinos del programa de fiestas de San Isidro. Ya adelantaba algo mi señor padre hace una semana, y hoy don Ricardo ha profundizado un poco más en este asunto, y es que la situación parece que anda caldeada porque así lo está propiciando una clara minoría de nuestra ciudad, que se ha erigido en unánime voz de los y las habitantes del Casco Urbano. No voy a ahondar más de lo que se ha explicado ya en otras tribunas, en la legimitidad de la decisión del Gobierno, y en la forma participativa y compartida con entidades y asociaciones locales en que ésta se ha adoptado. Sólo quiero llamar la atención de quien se descalifica a sí mismo cuando se atreve a tachar al alcalde de “Dictador” y a reclamar “Democracia” para decidir si queremos o no toros, pero luego llena buena parte del pueblo con pintadas difamatorias en el mejor de los casos… e insultantes y antidemocráticas en la mayoría de ellos… Para muestra, un botón:

Ésta es la democracia de la alborotada minoría protaurina en Rivas Vaciamadrid. Deberían, antes de seguir agitando indiscriminadamente, ser un poco responsables para que lo que tienen que ser unos festejos pacíficos y divertidos no se conviertan en una exaltación del fascismo y de la violencia. Así lo hemos pedido desde Izquierda Unida de Rivas.

Por lo demás, si no les parece bien la democracia que se ha aplicado hasta ahora (a través del Gobierno legítimamente constituido y del órgano participativo del Consejo de Fiestas), van a tener dos tazas: habrá consulta ciudadana sobre los eventos taurinos antes de que acabe 2009. Saben que no van a ganar. Pero esperemos que cuando vuelvan a perder, al menos, lo acepten y no sigan retratándose como unos fascistas cobardes a través de pinturas anónimas.

Todos mis ánimos para mi amiga Tania, espléndida concejala de Cultura y Fiestas. Y como no quiero que parezca que su gestión se reduce a esta cuestión del conflicto tauromaníaco (que aunque así fuese, bien que lo ha gestionado), os invito a pasaros esta tarde por el acto conmemorativo del Día del Libro, en el que quince colectivos (entre asociaciones y talleres de la Universidad Popular) compartirán su pasión por la cultura: la de verdad.

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IU ante las elecciones europeas (I)

Una reflexión de Rafa Hortaleza en su blog, a propósito del inicio de negociaciones de IU con ICV para reeditar una coalición electoral en las elecciones europeas, y el posterior eco generado en la periferia moscovita de Ricardo y en los lares de Ceronegativo, me han animado a escribir sobre las elecciones europeas y la importancia que creo que tienen para IU, algo sobre lo que llevaba algún tiempo reflexionando. Dedicaré, pues, una primera entrada a explicar cómo veo el escenario y posibles perspectivas de por dónde tirar, y haré en los próximos días otra entrada concretando algunas propuestas.

En primer lugar, saludo la noticia de estas negociaciones, aún sin conocer grandes detalles de las mismas. Considero que tal acuerdo es lógico y deseable, pero además vital para IU sobre todo en estos momentos, en que debemos tratar de abrirnos y crecer y, por tanto, el primer paso debe ser conservar lo que ya tenemos. En segundo lugar, y entrando más en el meollo, parece que el centro conflictivo para parte de la bloggosfera de la renovación de la coalición con ICV es la adscripción actual de su eurodiputado -uno de los dos que cosechó la lista conjunta- al Grupo Verde Europeo, en lugar de al Grupo de la Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica, que es el de IU. Yo, la verdad, no creo que esto sea ni mínimamente grave en sí mismo, y voy a tratar de explicar por qué.

Siempre deduje que Raül Romeva, ‘número dos’ de la lista que encabezaba el compañero Willy Meyer, iría al Grupo Verde, porque es el brazo institucional en el Parlamento europeo del Partido Verde Europeo, el referente europeo de Iniciativa. No creo que fuese una sorpresa para nadie. Ello no supuso ningún incumplimiento de los acuerdos entre las dos fuerzas, puesto que ese tema no había quedado cerrado (como bien recordaba Cayo Lara en una entrevista reciente en Público).


He de decir que, puesto que soy militante de Izquierda Unida y me siento más cercano a los postulados y a la actividad general del Grupo de la Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica, hubiera preferido que Romeva se hubiese integrado en esa bancada en Bruselas y Estrasburgo. Sin embargo, como votante de esa candidatura, quiero reconocer que a pesar de esa preferencia, no he encontrado, en lo esencial, ni una sola cuestión en que no me haya sentido representado por Romeva y su trabajo -el cual sigo a través de su interesantísimo blog personal-, y no creo que nadie de Izquierda Unida pueda decir que Romeva ha traicionado los compromisos fundamentales de la propuesta europea de IU. Fue uno de los primeros y más firmes defensores en el seno de ICV de que este partido propugnase el ‘NO’ a la Constitución europea. Me parece además un ejemplo de hiperactivismo político en el mejor de los sentidos, ya que además de “lo obligado” del cargo, Romeva ha jugado un papel fundamental adscribiéndose voluntariamente a los intergrupos de Igualdad de Derechos de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB) y por el Sáhara Occidental, de los que es vicepresidente. He tenido también la suerte de coincidir con él en jornadas, seminarios y conferencias varias, y, ciertamente, me parece que no ha dejado nunca de representar y defender posicionamientos perfectamente encuadrados en los de IU, como se puede ver no sólo en su blog, sino también en el histórico de noticias de la web dedicada a su labor parlamentaria. Por tanto, aunque lo deseable fuese tener al representante de ICV dentro del mismo grupo, el de IU, en el balance debemos saber leer y valorar más allá de las siglas concretas, el trabajo que se ha realizado, y en este sentido, ICV, es mi opinión, ha estado a la altura de lo que IU debe exigir en la propuesta política a un socio electoral.

Dicho esto, me parece justo, razonable y bueno que Izquierda Unida, ante la renegociación de la coalición electoral, sostenga que ésta se produzca en términos más simétricos a lo que ha sido la relación entre ICV y EUiA en el ámbito catalán, y, por tanto, que en la propuesta de partida de IU, ICV ponga a su primer representante en el tercer puesto de la candidatura, o, en su defecto, se comprometa a que en las próximas listas conjuntas por Barcelona tanto autonómica como al Congreso de los Diputados, el ‘número dos’ sea para EUiA -y no el tercero, como hasta ahora-. Otra solución -ya utilizada en otras coaliciones, aunque con un punto algo esperpéntico- sería que, en caso de obtener sólo dos eurodiputados y el segundo fuese de ICV, sólo ocupase su escaño la mitad del mandato para, en el resto, dejar paso al tercer puesto, designado por IU. Como, además, veo más que probable que la coalición se reedite en esos mismos términos representativos de 2004, lo que sí considero imprescindible es que, además de acordar un Manifiesto prográmatico común que establezca unas bases amplias de trabajo futuro en Europa, incluya la creación de una Oficina Europea Permanente de ambas organizaciones que coordine, haga un seguimiento real y un ajuste compartido a cada momento político de ese Manifiesto programático, y que además nos sirva, desde IU, para potenciar más y mejor nuestro trabajo en Europa.

En mi opinión, si para algo sirve tener representación en el Parlamento europeo, es para tener un altavoz más. Por desgracia, ni aunque obtuviésemos 15 escaños en junio, seríamos lo suficientemente influyentes como para hacer de la Unión Europea lo que debería ser. Ojo, que esto no sirva para desmovilizar, ¡15 escaños de IU-ICV serían un avance fundamental en la resistencia a la construcción europea realmente existente! Lo que quiero decir es que la Eurocámara es, fundamentalmente, una plataforma para visibilizar cualquier discurso alternativo en este mundo globalizado y de bloques de integración regional. Crisis económica, déficit democrático, inmigración, derechos civiles, modelo energético, solidaridad internacionalista: son tantos los temas sobre los que trabajar en esa óptica que, aunque no tengan una traslación directa sobre ese ámbito institucional, sí son muy útiles políticamente para toda la actividad de Izquierda Unida. Esa Oficina Europea Permanente puede ser una herramienta importante para todo ello.

Y más interesante que todo esto me parecen las tareas que debe hacer Izquierda Unida ante esta cita electoral, más allá de su relación concreta con ICV. Creo que ya vamos algo tarde, y con el paso cambiado, y espero que los previos orgánicos no se consideren mero trámite a resolver exclusivamente en el Consejo Político Federal del 7 de febrero y de verdad pueden ensamblarse en el proceso de refundación e impulsarlo. Eso pasa por dar unos pasos concretos, claros y útiles hacia dentro y hacia afuera para la regeneración a la que toda IU está mandatada.

En una siguiente entrada detallaré algunas propuestas personales que pueden servir para generar algo de debate a cerca de qué hacer ante las elecciones europeas. ¡Por hoy ya me he enrollado suficientemente con este tema!

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La responsabilidad de ser irresponsables

No era broma, no era un chiste, no iba de coña… El PSOE ha decidido, además de responder a la crisis tarde, mal y con el ‘márketing’ deslucido desde el Gobierno central, dejar de hacer Política allí donde está en la oposición. Las y los madrileños deben saber que el PSM de Tomás Gómez, el hombre que no tiene sexo, no va a votar contra los Presupuestos de Esperanza Aguirre, esos presupuestos con los que se va a privatizar la gestión sanitaria pública de la región, con los que se va a priorizar la enseñanza concertada sobre la pública, con los que se van a recortar las aportaciones autonómicas a programas de vivienda conveniados con Ayuntamientos, con los que se va a congelar el mantenimiento de la red de Metro, con los que va a reducir un 47% los recursos de las universidades públicas
En un alarde de malabarismo que despista a cualquiera, el PSOE, también en Madrid, será “responsable” y no pondrá la zancadilla a aquellos gobiernos que no son de su color político para que éstos saquen adelante sus cuentas y afronten así la crisis.
Bien. De ahí se entiende que para el PSOE da igual un presupuesto u otro, y le da igual que por la vía de los números, en la Comunidad de Madrid, la factura de la crisis la vayan a pagar quienes no la han generado. Dice Gómez que su Grupo en la Asamblea votará a favor u optará por la abstención, y lo hará “con la nariz tapada” para “generar seguridad y confianza en los mercados”. Y a la ciudadanía madrileña, a la mayoría social de la Comunidad de Madrid, a sus trabajadores y trabajadoras, lo que les genera es un mensaje bien claro: si quieren seguridad y confianza, que la busquen en otro lado.
Esta decisión del PSOE que el líder del PSM no sólo acata, sino que defiende, es una auténtica burla a la democracia. No sé qué pensarán aquellos y aquellas votantes del PSM que optaron en las elecciones autonómicas por una política, cuando menos, diferente a la que ahora plasmarán esos presupuestos.
¿Era esto el voto útil?

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IU hace falta

Alberto y Álvaro han tomado la iniciativa de plantear, en el artículo que sigue a estas líneas, una serie de reflexiones que otros compañeros de IU llevábamos tiempo dejando cocer en nuestra cabeza. Quienes participamos activamente en algún área de elaboración colectiva, o en movimientos sociales, sentimos, además del poso de frustración ante este proceso asambleario que cualquier otro u otra militante, la ausencia de espacio para la política en mitad del debate interno en el que está inmersa la organización. Por eso, no está demás recordar por qué y para qué estamos aquí y creemos en IU. A ver si además de no acabar tirándonos los tratos a la cabeza, la IX Asamblea sirve para volver a estar a la cabeza de la propuesta política, translando a la agenda pública ideas y soluciones que, por ejemplo, visibilicen que las mayorías son también sumas de minorías…

IU es útil y necesaria. Y bien lo sabemos lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, que hemos encontrado siempre en esta organización política una fiel compañera de viaje y un apoyo esencial en la justa lucha por nuestros derechos.

Izquierda Unida fue en el pasado y sigue siendo en nuestros días un eficaz altavoz de las demandas y reivindicaciones del movimiento LGTB. No en vano, fue la primera organización política en iniciar en las instituciones la batalla por la igualdad y fue pionera, también, en la creación de un grupo LGTB, organizado en su seno allá por 1994. El compromiso de IU con la lucha por la liberación sexual ha quedado demostrado y es, hoy por hoy, indiscutible.

En esta última etapa política se han logrado importantes conquistas en materia LGTB e IU ha desempeñado un papel protagonista al respecto. Logros sociales como el matrimonio entre personas del mismo sexo o la ley de identidad de género serían impensables sin el imprescindible trabajo de los colectivos LGTB, pero también sin el respaldo fundamental de los partidos progresistas y de izquierdas presentes en las instituciones, entre ellos Izquierda Unida.

IU ha trabajo siempre al lado de los colectivos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales en la lucha por nuestra dignidad ciudadana, ha marchado incansablemente bajo los colores del arco iris en las sucesivas manifestaciones del Orgullo LGTB y ha abanderado con decisión la lucha por la igualdad y la diversidad en las instituciones.

Izquierda Unida impulsó en su día iniciativas en el Parlamento para modificar el Código Civil en materia de matrimonio, presentó un plan contra la discriminación de sexo y orientación sexual en el ámbito educativo, propuso medidas para conseguir la igualdad entre parejas de hecho y matrimonios y para incluir las operaciones de reasignación de sexo en el catálogo de prestaciones sanitarias, solicitó indemnizaciones para las personas represaliadas durante el franquismo por su orientación sexual…, y un largo etcétera. En estos últimos años IU ha reafirmado su compromiso con el colectivo LGTB y es hora de reconocer su decisiva aportación a nuestra causa.

La igualdad legal es ya prácticamente un hecho, sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer en la consecución de la igualdad social y real. En la actualidad se abren nuevos horizontes y nuevos retos se descubren para el movimiento LGTB. La intolerancia y la intransigencia persisten en nuestra sociedad y la aportación de una IU fuerte y sólida sigue siendo hoy imprescindible en la construcción de una sociedad diversa, tolerante y respetuosa con las distintas formas de amar.

En las últimas elecciones generales Izquierda Unida ha sufrido un importante revés electoral. Su representación parlamentaria ha disminuido considerablemente y se han manifestado notablemente los perversos efectos de una ley electoral injusta y antidemocrática. La lógica bipartidista del sistema político español ha significado para IU un importante descenso de nuestro apoyo social y electoral, pero no ha sido la única causa de esta debacle. Nuestros problemas organizativos y comunicativos también han contribuido a llegar a esta situación crítica para la izquierda alternativa, sin olvidar el ambiente de confrontación y deslealtad que lleva instalado en nuestra organización desde hace ya algún tiempo.

También, Izquierda Unida no ha logrado mantener y reforzar los lazos con los colectivos sociales a los que decimos representar. IU se ha convertido en muchos aspectos en un partido político al uso, que ha centrado su acción en el trabajo institucional olvidando, en no pocas ocasiones, el contacto con la gente y el trabajo a pie de calle. Un partido al uso donde se han reproducido las luchas personalistas que tanto detestamos y donde el debate se ha centrado durante demasiado tiempo en personas, cargos y corrientes o familias, en lugar de en ideas y en proyectos.

Muy probablemente esta sea la última oportunidad para IU. Llegado este momento debe imponerse en nuestra organización la sensatez, el coraje y la sinceridad para llevar a cabo la autocrítica, y también la unidad y la ilusión para recuperar nuestro futuro. Hemos cometido errores, pero ello no implica negar también nuestros aciertos. Ahora es momento de redefinir nuestro rumbo. La refundación de la izquierda se hace más necesaria que nunca y, para llevarla a cabo, necesitamos nuevas ideas y nuevas personas. En IU no sobra nadie, pero tampoco estamos todos. En IU falta mucha gente todavía. Esta refundación deberá pasar necesariamente por darle un nuevo rumbo a nuestra organización, pero sin olvidar nuestro pasado, la tradición de la izquierda alternativa y combativa que nos ha orientado en estos más de veinte años de historia.

En el próximo mes de noviembre Izquierda Unida celebrará su próxima Asamblea Federal, un conclave más que decisivo, que deberá comenzar la construcción de la nueva IU. Una IU abierta, amable, democrática e integradora, comprometida con la izquierda social y política de este país, que lleve la voz de la calle a las instituciones, pero sin olvidar su verdadero origen: las luchas de los movimientos sociales.

Los activistas LGTB que participamos en Izquierda Unida apostamos decididamente por su futuro. Estamos convencidos de que IU hace falta. El movimiento por la liberación sexual necesitará, una vez más, del respaldo y apoyo de IU para afrontar los nuevos retos del futuro. Algunos de ellos, ya puestos encima de la mesa, como la reforma de la ley de identidad de género, la defensa de la asignatura de Educación para la Ciudadanía (rechazando los recortes aceptados por el gobierno para satisfacer a las jerarquías eclesiásticas), la garantía de las indemnizaciones económicas prometidas por el ejecutivo a los represaliados por el franquismo o la aprobación de una ley contra la homofobia y la transfobia.

Ante una derecha rancia y recalcitrante y un PSOE que agacha la cabeza ante las presiones de los sectores más retrógrados y conservadores de nuestro país, es necesaria una fuerza política con un perfil claramente laico y de izquierdas, que reafirme su compromiso con la lucha de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales por la igualdad. Izquierda Unida sigue siendo hoy muy necesaria para nuestro colectivo y los activistas LGTB contribuiremos a su refundación.

Lesbianas, gays, transexuales y bisexuales no tenemos dudas, IU tiene futuro.

Antonio Pulido Cubero (Coordinador del Área de Libertades Sexuales de IU-CM)
Alberto Hidalgo Hermoso (Miembro del Área de Libertades Sexuales de IU-CM)
Borja Subirat Sánchez (Miembro del Área de Libertades Sexuales de IU-CM)
Curro García Corrales (Miembro del Área de Libertades Sexuales de IU-CM)
Santos Chiches Rojo (Miembro del Área de Libertades Sexuales de IU-CM)
Álvaro Villar Calvo (Coordinador del Área de Libertades Sexuales IU-La Rioja)

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Un millón de gracias

La extraña amalgama de sensaciones que vengo experimentando estos días me lleva del cabreo a la melancolía, de la melancolía a la resignación, de la resignación a la desgana, y de la desgana a la ilusión en un ‘chute’ francamente agotador. Mucho se ha dicho desde el domingo de los resultados electorales, y muchas lecturas y relecturas se están haciendo de los datos concretos de una organización política, Izquierda Unida, la mía, que ha perdido trescientos mil votos y que tiene que contentarse (sic) con dos escaños, que le salen al módico precio de casi medio millón de votos cada uno.

En mis conversaciones con compañeros y compañeras, y con la familia, así como en las diferentes interpretaciones que ojeo por I Love IU, se cruzan impresiones muy interesantes que aportan diferentes perspectivas necesarias y constructivas. Hay otras interpretaciones, que de constructivas no tienen nada. Pero no voy a referirme, ahora mismo, ni a unas ni a otras.

Tampoco quiero referirme, que está ya muy dicho y redicho, al clima bipartidista, a la deslealtad con que el PSOE nos ha tratado en la campaña, o a la injustísima Ley Electoral. Ni voy a dar guerra con el giro a la derecha que ZP ha decidido emprender, ya confirmado con su llamada a los nacionalismos conservadores para asegurarse la investidura.

Ahora, y en la línea de lo que decía mi amigo Sergio en su blog, quiero acordarme del casi millón de personas que han votado a Izquierda Unida.

Hay en el Estado español un millón de personas que no se han dejado cambiar el juego, y que han sabido que -como ha quedado demostrado en Sevilla, Valencia o Madrid- que con su voto la izquierda, IU, ha estado a punto de obtener un diputado más arrebatándoselo al PP.

Y lo más importante: hay un millón de personas que han votado para que el salario mínimo supere los 1.000 euros. Y para que el Estado no expenda cheques asistencialistas que cada cual gaste en el salvaje mercado, sino para que haya servicios públicos de calidad. Y para forzar un gobierno en el que su Presidente se sonrojase por no haber pronunciado ni una vez la palabra “pública” al hablar de Educación (como hizo ZP en su segundo debate con Rajoy). Un millón de personas que han votado para que las mujeres decidan libremente sobre su cuerpo y su maternidad de manera efectiva y sin tutelas, sino con una Ley de Plazos y dentro de la red sanitaria pública. Un millón de personas que han votado para renegociar los Acuerdos con el Vaticano en términos de avanzar hacia la laicidad. Un millón de personas que no quieren que la edad de jubilación se retrase y que apuestan por trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Un millón de personas que quieren que haya una Ley Integral Contra la Homofobia y la Transfobia. Un millón de personas que exige un calendario concreto de cierre de las centrales nucleares. Y un millón de etcéteras…

…Un millón de personas que saben que la mejor manera de parar a la derecha no es sólo “contenerla”, y que eso de poco sirve si no se llena de contenido desde la izquierda…

Ahora IU, haga lo que haga, tiene que hacerlo mirándose en ese espejo de un millón de votantes. Se inicia ahora un proceso que puede que sea, internamente, doloroso. Pero estamos también en un punto de no retorno. Echemos toda la carne en el asador y no nos pongamos zancadillas. Desde este blog y desde mi militancia diaria, contribuiré de manera sana, honesta y constructiva al debate que tenemos por delante. Creo que ésa es la mejor manera que tenemos de sumar… y de darle las gracias a ese millón de personas que querían Más Izquierda.

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A mí me importa

‘Pero mira que eres pesadito, Curro, hala, otra vez a hablar de IU, a darle a la matraca’. Pues sí, pero es que hoy, uno echa un vistazo a ‘I love IU’ y ve cómo diferentes bitácoras hablan del ‘temazo’, del Consejo Político Federal de ayer y cómo ha concluido ‘lo de Valencia’.

No he ocultado nunca que me siento cercano a lo que puede representar Gaspar Llamazares y un proyecto de Izquierda Unida abierta y permeable a lo que de ella espera la gente progresista, la gente que apuesta por una izquierda autónoma y útil, abierta y soberana, radical e influyente, sin complejos. Por ello, no quiero ocultar tampoco que me siento perplejo ante cómo se ha gestionado la victoria de las primarias con las que Llamazares fue elegido candidato a la Presidencia del Gobierno.

No soy tan ingenuo como pensar que en aquella ocasión “simplemente” se votó un candidato. Creo que aquella elección supuso un refrendo a determinada manera de concebir IU, y en ese sentido me parece ejemplar por digna y constructiva la lectura de los resultados que hizo Marga Sanz: tendió puentes desde el primer momento. Gaspar Llamazares, tras anunciar a bombo y platillo el inicio de una “refundación de la izquierda española”, se ha dedicado a manejar con torpeza ese amplio respaldo de la militancia hasta el punto de desdibujar lo que muchas y muchos que le apoyamos creemos y queremos para Izquierda Unida.

Todo el mundo me conoce en IU y sabe “de qué pie cojeo”. El problema aquí es que muchas veces nadie hace un esfuerzo por andar erguido y dejar de cojear, sea del pie que sea. He asistido a ‘lo de Valencia’ como un espectador horrorizado por el nivel de tensión y confrontación fraticida. Me he sentido cercano a postulados políticos, en lo ideológico del discurso y en lo estratégico de la política de alianzas, defendidos por Isaura Navarro y su Iniciativa del Poble Valencià… De la misma manera que me he sentido absolutamente disconforme con el incumplimiento por parte de ese mismo colectivo de lo acordado en la coalición electoral autonómica, imponiendo una correlación de fuerzas a su favor a los términos pactados. He de decir que desconfío igualmente del procedimiento con que se limpiaron los censos de la federación valenciana para la celebración de la Asamblea de noviembre, no tanto por los criterios empleados –supuestos impagos- como por el procedimiento en sí, y que la dirección de EUPV ha optado en demasiadas ocasiones por tensar la cuerda en lugar de buscar el entendimiento.

Dicho todo esto, la postura que me parece absolutamente indefendible es la de la dirección federal en todo el camino tortuoso que ha llevado hasta el Consejo Político Federal de ayer: tras ignorar, o restar importancia, o no querer ver, que en una de las dos federaciones por la que tenemos representación parlamentaria estatal, estaba abierto un conflicto encendidísimo precipitándose hacia la ruptura, en lugar de coger el toro por los cuernos y arbitrar para hacer posible una conciliación e imponer orden y respeto por parte de todos y todas a las reglas del juego… se ha optado por intervenir en el último momento saltándose toda formalidad estatutaria: convocando unas primarias desde un órgano que no tiene competencias para ello –la Presidencia federal- y sin resolución ni aval alguno del órgano colegiado de arbitraje de conflictos –la Comisión Federal de Garantías-, y haciendo concurrir a las mismas a dos candidatos y una candidata en contra de su voluntad…

Ante todo esto, la decisión tomada ayer en el Consejo Político Federal puede resultarnos dolorosa, difícil, grave, dura. Pero cualquier otra decisión lo hubiera sido también. Y creo que lo aprobado finalmente representa la única y la mejor decisión posible.

Todo esto debería llevar a reflexionar a Llamazares y su equipo más cercano de dirección. Y en realidad debería hacernos reflexionar a todos y todas.

Lo he dicho otras veces y lo repito aquí y ahora: Izquierda Unida es un punto de encuentro no sólo posible, sino real. No es que intuya que es factible encontrarse con gente con quien mantengo algunas discrepancias pero con la que puedo y me gusta trabajar: es que lo sé. Lo hago. Lo vivo. Comparto espacios de debate, de elaboración colectiva, de acción política, con muy diversos compañeros y compañeras. Y me encanta hacerlo. No me imagino militando en una organización diferente a la suya. Lo que hace falta, y lo digo por mí el primero, es quizás que dejemos de hablar tanto y que digamos y hagamos más.

Yo quiero que mi organización hable de cómo se relaciona en lo cotidiano con los movimientos sociales y la sociedad civil articulada en experiencias alternativas y progresistas. Yo quiero que mi organización debata sobre el estado del movimiento obrero y su propio discurso en este tema. Yo quiero que mi organización aborde de una vez por todas el debate pendiente sobre nuestra postura ante la prostitución. Yo quiero que no nos demos largas a nosotros y nosotras mismas cuando decimos en abstracto que hemos de superar nuestras contradicciones en materia de propiedad intelectual. Y quiero que superemos las membranas con que nos relacionamos y dejemos de presuponer lo que pensamos y defendemos y nos atrevamos a escucharnos.

Y quiero, claro, que IU sea más fuerte. Y que influya más. Que tenga más representación en el Congreso y sea más decisiva. Y que sea más amable en sus dinámicas y más justa con sus afiliados y afiliadas. Y que no haga falta que desaparezca para que nos demos cuenta de que habría que inventarla si no existiese.

Viendo la permanente obstrucción ‘zorrocotroca’ de unos y el mal ganar de otros, viendo cómo se desvirtúan diferencias políticas y se convierten en simples armas de poder, viendo cómo cada cual habla de su libro y cómo cosa que uno dice será automáticamente utilizada en su contra, siento la necesidad de testificar en esta tribuna personal que estoy cansado de todo esto, como cualquier otro u otra militante de base. Pero que a la vez, estoy todavía ilusionado porque me creo Izquierda Unida. Sin florituras, sin aseveraciones ideológicas que sienten cátedra, sin referencias bibliográficas o históricas.

Me creo Izquierda Unida. Y sé que no soy el único.

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