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A mí me importa

‘Pero mira que eres pesadito, Curro, hala, otra vez a hablar de IU, a darle a la matraca’. Pues sí, pero es que hoy, uno echa un vistazo a ‘I love IU’ y ve cómo diferentes bitácoras hablan del ‘temazo’, del Consejo Político Federal de ayer y cómo ha concluido ‘lo de Valencia’.

No he ocultado nunca que me siento cercano a lo que puede representar Gaspar Llamazares y un proyecto de Izquierda Unida abierta y permeable a lo que de ella espera la gente progresista, la gente que apuesta por una izquierda autónoma y útil, abierta y soberana, radical e influyente, sin complejos. Por ello, no quiero ocultar tampoco que me siento perplejo ante cómo se ha gestionado la victoria de las primarias con las que Llamazares fue elegido candidato a la Presidencia del Gobierno.

No soy tan ingenuo como pensar que en aquella ocasión “simplemente” se votó un candidato. Creo que aquella elección supuso un refrendo a determinada manera de concebir IU, y en ese sentido me parece ejemplar por digna y constructiva la lectura de los resultados que hizo Marga Sanz: tendió puentes desde el primer momento. Gaspar Llamazares, tras anunciar a bombo y platillo el inicio de una “refundación de la izquierda española”, se ha dedicado a manejar con torpeza ese amplio respaldo de la militancia hasta el punto de desdibujar lo que muchas y muchos que le apoyamos creemos y queremos para Izquierda Unida.

Todo el mundo me conoce en IU y sabe “de qué pie cojeo”. El problema aquí es que muchas veces nadie hace un esfuerzo por andar erguido y dejar de cojear, sea del pie que sea. He asistido a ‘lo de Valencia’ como un espectador horrorizado por el nivel de tensión y confrontación fraticida. Me he sentido cercano a postulados políticos, en lo ideológico del discurso y en lo estratégico de la política de alianzas, defendidos por Isaura Navarro y su Iniciativa del Poble Valencià… De la misma manera que me he sentido absolutamente disconforme con el incumplimiento por parte de ese mismo colectivo de lo acordado en la coalición electoral autonómica, imponiendo una correlación de fuerzas a su favor a los términos pactados. He de decir que desconfío igualmente del procedimiento con que se limpiaron los censos de la federación valenciana para la celebración de la Asamblea de noviembre, no tanto por los criterios empleados –supuestos impagos- como por el procedimiento en sí, y que la dirección de EUPV ha optado en demasiadas ocasiones por tensar la cuerda en lugar de buscar el entendimiento.

Dicho todo esto, la postura que me parece absolutamente indefendible es la de la dirección federal en todo el camino tortuoso que ha llevado hasta el Consejo Político Federal de ayer: tras ignorar, o restar importancia, o no querer ver, que en una de las dos federaciones por la que tenemos representación parlamentaria estatal, estaba abierto un conflicto encendidísimo precipitándose hacia la ruptura, en lugar de coger el toro por los cuernos y arbitrar para hacer posible una conciliación e imponer orden y respeto por parte de todos y todas a las reglas del juego… se ha optado por intervenir en el último momento saltándose toda formalidad estatutaria: convocando unas primarias desde un órgano que no tiene competencias para ello –la Presidencia federal- y sin resolución ni aval alguno del órgano colegiado de arbitraje de conflictos –la Comisión Federal de Garantías-, y haciendo concurrir a las mismas a dos candidatos y una candidata en contra de su voluntad…

Ante todo esto, la decisión tomada ayer en el Consejo Político Federal puede resultarnos dolorosa, difícil, grave, dura. Pero cualquier otra decisión lo hubiera sido también. Y creo que lo aprobado finalmente representa la única y la mejor decisión posible.

Todo esto debería llevar a reflexionar a Llamazares y su equipo más cercano de dirección. Y en realidad debería hacernos reflexionar a todos y todas.

Lo he dicho otras veces y lo repito aquí y ahora: Izquierda Unida es un punto de encuentro no sólo posible, sino real. No es que intuya que es factible encontrarse con gente con quien mantengo algunas discrepancias pero con la que puedo y me gusta trabajar: es que lo sé. Lo hago. Lo vivo. Comparto espacios de debate, de elaboración colectiva, de acción política, con muy diversos compañeros y compañeras. Y me encanta hacerlo. No me imagino militando en una organización diferente a la suya. Lo que hace falta, y lo digo por mí el primero, es quizás que dejemos de hablar tanto y que digamos y hagamos más.

Yo quiero que mi organización hable de cómo se relaciona en lo cotidiano con los movimientos sociales y la sociedad civil articulada en experiencias alternativas y progresistas. Yo quiero que mi organización debata sobre el estado del movimiento obrero y su propio discurso en este tema. Yo quiero que mi organización aborde de una vez por todas el debate pendiente sobre nuestra postura ante la prostitución. Yo quiero que no nos demos largas a nosotros y nosotras mismas cuando decimos en abstracto que hemos de superar nuestras contradicciones en materia de propiedad intelectual. Y quiero que superemos las membranas con que nos relacionamos y dejemos de presuponer lo que pensamos y defendemos y nos atrevamos a escucharnos.

Y quiero, claro, que IU sea más fuerte. Y que influya más. Que tenga más representación en el Congreso y sea más decisiva. Y que sea más amable en sus dinámicas y más justa con sus afiliados y afiliadas. Y que no haga falta que desaparezca para que nos demos cuenta de que habría que inventarla si no existiese.

Viendo la permanente obstrucción ‘zorrocotroca’ de unos y el mal ganar de otros, viendo cómo se desvirtúan diferencias políticas y se convierten en simples armas de poder, viendo cómo cada cual habla de su libro y cómo cosa que uno dice será automáticamente utilizada en su contra, siento la necesidad de testificar en esta tribuna personal que estoy cansado de todo esto, como cualquier otro u otra militante de base. Pero que a la vez, estoy todavía ilusionado porque me creo Izquierda Unida. Sin florituras, sin aseveraciones ideológicas que sienten cátedra, sin referencias bibliográficas o históricas.

Me creo Izquierda Unida. Y sé que no soy el único.

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