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Ruido, mucho ruido

Como rescatada de aquella canción de Sabina, la palabra “Ruido” irrumpe desde hace semanas como un contrapeso necesario al silencio y a -en el mejor de los casos- las buenas palabras que se quedan cortas. Palestina se desangra en Gaza sin que, a pesar de las manifestaciones de protesta y solidaridad, se haya producido una contestación contundente por parte de eso que se ha dado en llamar “comunidad internacional”. Por eso, necesitamos seguir haciendo ruido, más ruido, mucho, mucho ruido.
Con esa idea, y ese lema, “Hagamos ruido contra el silencio en Gaza”, el Ayuntamiento de esta mi aldea gala de Rivas Vaciamadrid ha emprendido una campaña municipal que abarca cuatro acciones: la aprobación de una ayuda de emergencia humanitaria de cooperación de las ONGs que trabajan en la zona, la organización de un gran programa de acogimiento solidario de niños y niñas palestinas, la presentación de una iniciativa de condena y solidaridad el próximo Pleno municipal, y, como acción central simbólica pero de importancia por la implicación ciudadana y social que conlleva, una gran cacerolada este jueves 15 de enero (pasado mañana) a las 12 horas; se trata de una propuesta del Consejo Municipal de Educación que se desarrollará en todos los colegios del municipio, durante cinco minutos, y que se secundará también, haciendo más ruido, en la Plaza de la Constitución -sede de Alcaldía y varias dependencias consistoriales-. La idea es, además, que dentro de lo posible, se pueda expandir la convocatoria como una onda ruidosa y la siga más gente desde sus puestos de trabajo y centros de estudio incluso fuera de Rivas.
Y es que, con la que está cayendo, todo Ruido es poco.

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¿Es la Tierra plana?

El pasado 11 de diciembre se celebró el Día de Acción Global contra el Cambio Climático, una jornada de reflexión y protesta a escala mundial a propósito del fenómeno del calentamiento global. La fecha coincidió con este último mes del año, diciembre, muy propicio a que pensemos y repensemos la acción humana sobre el medio ambiente en general y el clima en particular, ya que pilló a caballo entre la celebración del Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA) y estas entrañables fechas navideñas en las que ya estamos, tan proclives a destapar y potenciar la parte más insostenible de nuestros hábitos cotidianos.

Pues sucedió que en el citado Congreso medioambiental, una cita ya de referencia para la comunidad científica, las instituciones y el movimiento ecologista, la señora Ana Botella, concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, afirmó algo que no se escuchaba en un foro especializado desde hacía mucho tiempo (si es que alguna vez alguien se atrevió a hacerlo): que “el planeta está al servicio del ser humano”. La señora Botella se unió con esa frase, oficialmente, al club del revisionismo pseudo-científico con el que hace no mucho nos sorprendió su marido, el ex presidente del Gobierno José María Aznar, relativizando sobre la gravedad de sus efectos. Recordemos al propio Mariano Rajoy cuando en octubre de 2007 se remitió a “su primo” para cuestionar que “si no se puede saber a ciencia cierta qué tiempo va a hacer mañana en Sevilla, mucho menos se puede prever un cambio del clima a largo plazo”, con un rigor académico pasmoso.

Quienes tachan de “abanderados del Apocalipsis” (Aznar dixit) a los estudiosos del cambio climático utilizan las mismas tácticas a las que nos tiene acostumbrados toda suerte de revisionistas. Ya saben: tratan de salirse por la tangente de los consensos científicos establecidos como si fuesen “outsiders”, rebeldes que se atreven a desafiar lo políticamente correcto y a romper tabúes. Esa simple pose les sirve para ahorrarse cualquier argumentación y, a partir de ahí, una verdad a media sirve para justificar la próxima mentira. Así, no faltan continuas referencias a supuestos teóricos que desmontan “la Apocalipsis climática” pero que en verdad tienen la misma solvencia científica y la misma credibilidad académica que Pío Moa entre los historiadores. Es decir: ninguna. Es el caso de Václav Klaus, presidente checo, para quien la acción humana no tienen anda que ver con las transformaciones climáticas que están conduciendo al planeta a un largo verano, a pesar de que la investigación al respecto es ya una carrera de fondo que da por contrastado que el cambio climático se debe a la emisión de gases de efecto invernadero por el abuso de combustibles fósibles.

Lo que más sorprende de todo esto no es ya que se trate de rebatir el consenso científico. El propio Partido Popular, sobre el papel, lo reconoce y hasta plantea propuestas para frenar este complejo fenómeno (otra cosa es que sean más o menos acertadas). El problema radica en los dirigentes ‘populares’ que a mayor velocidad que la luz sacan los pies del tiesto con declaraciones que desde Génova corren a sofocar a duras penas reafirmando su compromiso ante este reto global, y bla, bla, bla… Lo que más me sorprende, digo, es cómo el soterrado y latente cuestionamiento de este grave problema va expandiéndose con la actitud defensiva de tachar de “dogmático” lo que es precisamente lo contrario: científico. Y tacharlo, además, de “politizado” en una estrategia, precisamente, política y partidista. Hace un mes hemos visto al Partido Popular en Rivas pedir la disolución del comité técnico asesor del proyecto estratégico de lucha local contra el cambio climático Rivas Ecópolis por “su politización”. Ésa es toda la valoración que hacen de un órgano consultivo que reúne a una alto cargo del CSIC, el ex responsable medioambiental de la principal central sindical española o de un galardonado con el Premio Nacional de Investigación, entre otras personalidades del mundo de la investigación y la gestión ambiental, que por cierto no cobran dieta alguna por su asesoramiento. Y yo me pregunto: ¿no es precisamente el PP el que politiza todo este tema al plantear esta crítica? ¿Preferiría el PP local al primo de Mariano Rajoy entre los ‘expertos’? Quizás deberían plantearse por qué las principales y más relevantes figuras del mundo científico y la sostenibilidad se sienten a años luz de sus planteamientos. De lo contrario, podemos ponernos a discutir de cualquier cosa, y deshacer caminos de progreso dados por la Humanidad. Por si las moscas, sólo quiero decir dos cosas: una, cada minuto que gastamos en debatir sobre un problema cuyos efectos son ya visibles, es un minuto perdido para combatirlo. Y dos: perdonen que me anticipe a posibles divagaciones, pero no, la Tierra no es plana.

[NOTA] Este ‘post’ es una versión algo modificada, ampliada y actualizada del artículo que publiqué este último mes en mi sección de la edición impresa de la revista de Rivas ‘Zarabanda’.

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Un gran abrazo verde

Rivas se ubica en el Sureste de la Comunidad de Madrid, una zona tradicionalmente castigada con todo tipo de aberraciones al medio ambiente y la salud pública: desde el vertedero y la incineradora de Valdemingómez, hasta los proyectos de seis centrales térmicas previstas, pasando por la desidia en el cuidado y protección efectivas del Parque Regional del Sureste, para el que la Comunidad de Madrid retrasa una y otra vez (y así van ya 10 años) la aprobación de un Plan Rector de Uso y Gestión que habilite el marco de seguridad que ponga fin a actividades privadas y negocios particulares que se benefician y lucran con la falta de normativa, generando daños ambientales importantes. Ha pasado desde siempre con las graveras, y empieza a pasar también con la posibilidad de que se instalen cultivos transgénicos.
Todo ello, en definitiva, convierte a este espacio protegido del Parque Regional en territorio vulnerable, que acumula problemas como los que denuncia El Soto, y para los que la aprobación del citado PRUG pondría soluciones. Por ello, es importante que se empiecen a extender a todos los Ayuntamientos de la zona, iniciativas como la que aprobó el pasado 30 de octubre el Pleno de Rivas Vaciamadrid, y, en lo que le queda más a mano a cada cual, acudir a Rivas este domingo a la Cadena Humana por el Parque Regional del Sureste:

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La CAM ante la Cañada Real: historia de una desidia

Parece que, de nuevo y como iba adelantando Antonio desde el Rubicón hace poco más de un mes, algo se mueve en torno a la Cañada Real. La Plataforma vecinal por el Saneamiento de la misma y el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid llegaron a un acuerdo sobre el que trabajarán y liderarán conjuntamente la exigencia de una solución para este problema alargado durante demasiados años. Un problema no sólo con mucho tiempo de recorrido, sino tremendamente complejo y poliédrico. En la Cañada Real se asienta una ocupación ilegal en la que conviven desde actividades y comercios hasta lujosas viviendas que “chupan” los suministros eléctricos y de agua, pasando por negocios fraudulentos relacionados con el tráfico de drogas o de armas, o de materiales robados, y, desde luego, también, se levantan y extienden infraviviendas donde habitan las más variadas y severas exclusiones sociales, infraviviendas construidas sobre un suelo público que alguien sin escrúpulos “vendió” a quienes no tenían ninguna otra alternativa para instalar su hogar.
Todo esto sucede, como todo el mundo sabe, sobre unos terrenos cuya única titular y propietaria es la Comunidad de Madrid, tal y como deja claro tanto el Estatuto de Autonomía en su artículo 27.3 como la norma que lo desarrolla, la ley de vías pecuarias. Se trata de un espacio considerado de valor y protección ambiental sobre el que se ha permitido, por omisión, semejante deterioro. Así el problema tiene unas claras vertientes social y ambiental, y otra parte de seguridad y, en cualquier caso, de cumplimiento de la ley. Por eso, y esto tampoco es nuevo, los Ayuntamientos por cuyo término municipal pasa el trazado de la Cañada (Madrid, Getafe, Rivas, Coslada y San Fernando) no se han cansado de pedirle a la Comunidad de Madrid que mueva ficha, que lidere como titular de los terrenos una solución bien planificada en la que deberán colaborar dichos ayuntamientos, y el Gobierno central, pero desde luego impulsada por la administración autonómica y varios de sus organismos, como el IVIMA o el IRIS.
Pero la Comunidad de Madrid no sólo ha estado, hasta el momento, haciendo oídos sordos, o directamente negándose, a esta petición. Es que hace cada día que pasa una tremenda dejación de sus obligaciones: además de las que tienen que ver con proteger las vías pecuarias, en el Estado de las Autonomías éstas gestionan el grueso de los servicios públicos de Bienestar, como es la Educación o la Sanidad, y en la Cañada Real Galiana hay casos sangrantes que afectan a la salud pública así como montones de niños y niñas sin escolarizar, sin que se tenga ninguna respuesta efectiva por parte del Ejecutivo que preside Esperanza Aguirre.
Tampoco ha sido muy alentador el plan que han pactado Aguirre y Gallardón para erradicar el chabolismo en Madrid, ya que este plan no incluía los casos de infraviviendas de la Cañada con la excusa de que el problema que se da en ésta “trasciende la definición de chavolismo”. Está claro, pero, por algún lado habrá que empezar…
Ahora el Alcalde de Rivas Vaciamadrid ha enviado ha enviado una carta a la Presidenta regional para exigir a la Comunidad de Madrid que acepte sus competencias como titular de la Cañada Real Galiana. Si la administración autonómica no respondiese en el plazo que marca la ley, se iniciaría un proceso judicial. Esperemos que no haga falta y se pueda empezar a trabajar en serio por una solución que desde luego no será de hoy para mañana pero que ha de gestarse ya mismo, una solución que evidentemente tendrá que tener en cuenta: la recuperación y saneamiento de la Cañada, y, por tanto, el desmantelamiento de la ocupación ilegal y su conservación ambiental efectiva como espacio protegido; el realojo en viviendas dignas y accesibles para aquellas personas y familias en situación de severa precariedad y pobreza; y la búsqueda de responsabilidades penales para quienes hayan estado haciendo un negocio fraudulento sobre terreno público y en muchos casos aprovechándose de la necesidad de terceros.
Veremos en qué se resuelve esta desidia que, hasta ahora, la Comunidad de Madrid ha ejercido impunemente.

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Fernanda y yo

En junio, a propósito del Homenaje que hizo el Ayuntamiento de Rivas a personas ex presas del franquismo, ya hablé de mi encuentro en aquella comida con ella. Hoy ha venido a verme a la Oficina y a recordarme que me debe una empanada. Y yo me he acordado de que guardaba por aquí una foto de aquel momento tan emotivo en que nos encontramos. Y aquí la traigo. Fernanda, qué grande eres.

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Lo mejor que tenemos

Ayer fui uno de los voluntarios y voluntarias que colaboraron en la comida ‘Recuperando Memoria 08’, el acto de homenaje a personas que sufrieron persecución y cárcel durante la dictadura por su compromiso antifranquista. Y fue precioso. Una vez más, mi ciudad, Rivas Vaciamadrid, acogió un evento así trascendiendo lo que es simplemente el empeño de una institución, en este caso su Ayuntamiento; un evento respaldado activamente por los ciudadanos y ciudadanas de Rivas, que lo hicimos nuestro. Y es que fuimos más de 80 personas quienes componíamos ese cuerpo de voluntariado: 80 vecinos y vecinas de Rivas, algunos amigos y amigas, otros tantos cuya cara me sonaba de verlos en el Recuperando Memoria de 2004, en el Foro Social Mundial de las Migraciones, o en iniciativas asociativas varias. Nos dimos cita a las 12 para tener todo a punto. La emoción y los nervios ya nos revoloteaban en la boca del estómago. Un técnico de la concejalía de Juventud, que integraba el equipo de coordinadores de voluntariado, nos relajó y mimó con unas sabias palabras: “Antes que nada, fuera estrés, fuera agobios. No somos camareros. Vamos a dar de comer a gente que, sobre todo, está siendo homenajeada. Vamos a acompañarles, así que relajaos y disfrutadlo”. Y así fue.
Cuando empezaron a llegar personas homenajeadas, cada cual fue a su mesa de referencia para atender, ayudar, orientar. Desde la mesa que custodiaba, me fijé en la de al lado. Allí estaba, de pie, hablando con un compañero de Izquierda Unida de Rivas que también era voluntario, ella. La reconocí enseguida. Fernanda tiene en su rostro, en sus ojos, en la forma en que se atusa el pelo, y en la ternura enérgica con que mueve las manos al hablar, la evidencia de su belleza: es una mujer que debió de ser guapísima de joven, y que aún hoy, con sus casi 80 años y ese aire de abuela coqueta, lo es. Fernanda es vecina de Rivas y yo la conozco de vista y de oídas; nació en los albores de la II República en Asturias, y tras la represión de la Revolución de Octubre, fue una de tantas niñas y niños que salieron de sus pueblos para venir a estudiar a Madrid, en su caso en un trayecto con la mismísima Dolores Ibárruri. La luz de toda su vida proyecta una historia en la que guarda no sólo la memoria de lo que ella pasó como ‘niña de la guerra’, sino la memoria de sus padres, que de alguna manera, también ayer recibieron ese mismo homenaje.
Mientras pensaba todo esto, mirándola, me fijé en que el compañero de IU con el que ella hablaba, me señalaba. Parecía que estaban hablando de mí. Fernanda asintió y, tras ubicarme visualmente, vino hasta donde yo estaba y me dijo: ‘Así que tú eres el famoso Curro, tenía yo ganas de conocerte’. Resulta que, por sus relaciones con Tania y sus padres, y de oídas de aquí y allá, había hablado de mí y quería saludarme. Qué honor. Estuvimos hablando largo y tendido, me contó que tiene montado un DVD con fotos y vídeos de testimonios donde se recoge toda la historia de su padre, me dijo que algo teníamos que hacer para darle salida y difundirlo, me volvió a abrazar cuando le dije que mi abuela había sido presa en Ventas (‘¿Carmen Almazán? Pues me suena su nombre, me tengo que enterar, me tengo que enterar’) y, lo mejor, me advirtió de la impresionante calidad de sus empanadas caseras y me invitó a su casa a probar alguna (‘¿De qué te gusta, de carne, de atún, de pulpo…’?). Eso está hecho, Fernanda.
Fernanda estaba sentada junto a Julia, una veterana compañera de Izquierda Unida con otra impresionante historia -la bautizaron dos veces, y, una de ellas, en un internado franquista, la mismísima Carmen Polo fue la madrina de honor-, y junto a otra de mis abuelas ripenses favoritas, Vicenta, abuela de una amiga, que luchó por sacar adelante su familia mientras su marido sufría condena en el Penal de Burgos. Durante la comida, no pude evitar echarles un ojo, desde mi mesa, de vez en cuando. Las tres conversaban, se reían, tejían complicidades, brindaban. Acotar la muchedumbre de 500 personas que allí se congregaron al detalle de ellas tres, abstraer ese retrato por un momento del mogollón general, me sirvió para valorar lo que estábamos haciendo. Como ellas, el resto de personas homenajeadas, se reencontraban con antiguos conocidos, con su lucha, con su vida ahí, floreciendo todavía. Ellos y ellas son lo mejor que tenemos.
PD: No pienso hablar de Bono y de sus desfachateces. Allá él. Sólo espero que algún día, si esa tricolor tarda en volver a ser nuestra bandera con todas las de la ley, al menos disfrutemos de unas instituciones y unas autoridades democráticas capaces de reconocer que si están ahí no es porque sus cargos les hayan caído del cielo. Sólo espero que algún día, alquien que sea Presidente del Congreso de los Diputados -oficialmente segunda autoridad del Estado, justo por debajo del Rey y, aunque sea simbólica, formal o testimonialmente, por delante del Presidente del Gobierno- no pueda permitirse impunemente esos ejercicios de indecencia política.

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‘Ripensus perdix’ / Perdiz ripense

De toda la vida, la cigüeña ha sido un símbolo de Rivas, debido a la abundante presencia de estas aves en los parajes del Parque Regional del Sureste a su paso por nuestro municipio, y a cómo están incorporadas al trajín del mismo y cómo buscan plantar su nido en cualquier rincón. Sin embargo, y sin querer alimentar competitividad alguna, parece que a la cigüeña le ha salido un rival por estos lares:


Un estudio de la Universidad de Warwick (Reino Unido) dice que los creyentes son más felices que los ateos. Sospechoso. Felicidad y religión son independientes. No consiste en creer en dioses, sino que ellos crean en ti. En Rivas no hay recetas para ser felices, pero comen perdices, quizá.

Lo dice hoy Ricardo Cantalapiedra, en su columna madrileña dominical de El País.

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