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Luna, nunca mais!

El 8 de junio de 2006, ante la Embajada portuguesa en Madrid, gritamos ‘Gisberta, nunca mais!’, la expresión de nuestra frontal repudia al asesinato transfóbico de una trabajadora sexual de Oporto, de nombre Gisberta; la expresión también de nuestra exigencia de justicia, de compromiso –en este caso al Estado portugués- de luchar contra la impunidad de hecho que estaba imponiéndose tras el crimen; de deseo de que no tuviera que morir nadie más en esas circunstancias y por el mismo odio para que se reconociese la dignidad e igualdad de las personas transexuales.

Casi dos años después, otra prostituta transexual ha sido asesinada en Portugal. Luna ejercía la prostitución en Lisboa, y se encontraba expuesta a determinadas circunstancias que la convertían en víctima potencial. Determinadas circunstancias que, tras el caso de Gisberta, no eran precisamente desconocidas para las autoridades portuguesas, quienes sin embargo no han brindado las garantías de protección requeridas y las oportunidades efectivas de una vida digna. Luna fue encontrada en un contenedor de escombros completamente desfigurada y con signos de evidentes torturas físicas y sexuales previas a su asesinato. Además, el retrato que del “suceso” han hecho los medios de comunicación la retrata magnificando de manera sensacionalista un “perfil marginal” de la víctima que parece explicar implícitamente y por sí mismo la motivación del asesinato.
Por eso, casi dos años después, es imposible no hacer nuestras las palabras del colectivo Panteras Rosas de Lisboa:

La identidad del género es un asunto que el Estado tarda en legalizar y ese atraso empeora las condiciones de vida y sobre vivencia de muchos trans. ¿Para cuándo las correcciones legales que posibiliten el real ejercicio de la ciudadanía por las personas transexuales y transgéneros?. ¿Para cuándo la legislación que ultrapase lo retrógrado y lo conservador de tantas y tantos políticos y que deje de imponer restricciones mezquinas? ¿Para cuándo una legislación que deje de alimentar la violencia psicológica cotidiana sobre estas personas? ¿Para cuándo una legislación que considere explícitamente como agravante la discriminación, el asedio y la violencia con base en la Transfóbia? ¿Para cuándo un compromiso serio para acabar con casos como el de Gisberta o el de Luna, personas asesinadas por el odio transfóbico? ¿Para cuándo más medios humanos y mejor formación cívica y técnica en las fuerzas policiales?

Por todo ello, os voy adelantando que estamos promoviendo una nueva concentración ante la embajada de Portugal en Madrid, para el próximo 26 de marzo, a media tarde. El lunes espero poder confirmar y concretar la convocatoria.

NO A LA TRANSFOBIA

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Un millón de gracias

La extraña amalgama de sensaciones que vengo experimentando estos días me lleva del cabreo a la melancolía, de la melancolía a la resignación, de la resignación a la desgana, y de la desgana a la ilusión en un ‘chute’ francamente agotador. Mucho se ha dicho desde el domingo de los resultados electorales, y muchas lecturas y relecturas se están haciendo de los datos concretos de una organización política, Izquierda Unida, la mía, que ha perdido trescientos mil votos y que tiene que contentarse (sic) con dos escaños, que le salen al módico precio de casi medio millón de votos cada uno.

En mis conversaciones con compañeros y compañeras, y con la familia, así como en las diferentes interpretaciones que ojeo por I Love IU, se cruzan impresiones muy interesantes que aportan diferentes perspectivas necesarias y constructivas. Hay otras interpretaciones, que de constructivas no tienen nada. Pero no voy a referirme, ahora mismo, ni a unas ni a otras.

Tampoco quiero referirme, que está ya muy dicho y redicho, al clima bipartidista, a la deslealtad con que el PSOE nos ha tratado en la campaña, o a la injustísima Ley Electoral. Ni voy a dar guerra con el giro a la derecha que ZP ha decidido emprender, ya confirmado con su llamada a los nacionalismos conservadores para asegurarse la investidura.

Ahora, y en la línea de lo que decía mi amigo Sergio en su blog, quiero acordarme del casi millón de personas que han votado a Izquierda Unida.

Hay en el Estado español un millón de personas que no se han dejado cambiar el juego, y que han sabido que -como ha quedado demostrado en Sevilla, Valencia o Madrid- que con su voto la izquierda, IU, ha estado a punto de obtener un diputado más arrebatándoselo al PP.

Y lo más importante: hay un millón de personas que han votado para que el salario mínimo supere los 1.000 euros. Y para que el Estado no expenda cheques asistencialistas que cada cual gaste en el salvaje mercado, sino para que haya servicios públicos de calidad. Y para forzar un gobierno en el que su Presidente se sonrojase por no haber pronunciado ni una vez la palabra “pública” al hablar de Educación (como hizo ZP en su segundo debate con Rajoy). Un millón de personas que han votado para que las mujeres decidan libremente sobre su cuerpo y su maternidad de manera efectiva y sin tutelas, sino con una Ley de Plazos y dentro de la red sanitaria pública. Un millón de personas que han votado para renegociar los Acuerdos con el Vaticano en términos de avanzar hacia la laicidad. Un millón de personas que no quieren que la edad de jubilación se retrase y que apuestan por trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Un millón de personas que quieren que haya una Ley Integral Contra la Homofobia y la Transfobia. Un millón de personas que exige un calendario concreto de cierre de las centrales nucleares. Y un millón de etcéteras…

…Un millón de personas que saben que la mejor manera de parar a la derecha no es sólo “contenerla”, y que eso de poco sirve si no se llena de contenido desde la izquierda…

Ahora IU, haga lo que haga, tiene que hacerlo mirándose en ese espejo de un millón de votantes. Se inicia ahora un proceso que puede que sea, internamente, doloroso. Pero estamos también en un punto de no retorno. Echemos toda la carne en el asador y no nos pongamos zancadillas. Desde este blog y desde mi militancia diaria, contribuiré de manera sana, honesta y constructiva al debate que tenemos por delante. Creo que ésa es la mejor manera que tenemos de sumar… y de darle las gracias a ese millón de personas que querían Más Izquierda.

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No somos tontos


En efecto, Laura, no somos tontos. Ánimo con tu campaña y a por tu escaño… Vamos a hacer nuestra propia reconquista, empezando también por Asturies!!

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Haiku 20

cae el destino
como un rumor de frontera,
domingo y lunes

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Por el derecho a las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su maternidad

He estado hace un ratillo debatiendo en una tertulia en la emisora madrileña de Punto Radio con un joven del PSOE y una joven del PP, y, claro, ha salido el tema del aborto y la ofensiva emprendida por sectores ultraconservadores de criminalización de profesionales sanitarios/as y mujeres. Y, una vez más -qué pereza- se han puesto a tirarse titulares a la cabeza, convirtiendo el asunto en una peleíta bipartidista en la que lo de menos es de qué se está hablando. Cuando esto se hace sobre las decisiones políticas del día a día, ya jode bastante porque es como darse cabezazos dialécticos contra la pared. Pero cuando sucede al hablar de un tema tan importante, y de esta campaña tan agresiva de la derecha extrema, y del riesgo de retroceso en derechos conquistados, uno no puede evitar una mayor frustración y se pregunta si los argumentos que con convicción defiende llegan a aflorar y hacerse visibles -en este caso audibles- en el jaleo superficial entre “los de la rosa” y “los de la gaviota”.
En fin, Serafín, que aunque quieran acallar el debate real, desde aquí os invito a todas y todos a autoinculparos y a asistir mañana a la concentración en Sol, a las 19 horas. ¡FUERA EL ABORTO DEL CÓDIGO PENAL! Haced caso a María, que estrena blog, y pasaos por la mani.

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A mí me importa

‘Pero mira que eres pesadito, Curro, hala, otra vez a hablar de IU, a darle a la matraca’. Pues sí, pero es que hoy, uno echa un vistazo a ‘I love IU’ y ve cómo diferentes bitácoras hablan del ‘temazo’, del Consejo Político Federal de ayer y cómo ha concluido ‘lo de Valencia’.

No he ocultado nunca que me siento cercano a lo que puede representar Gaspar Llamazares y un proyecto de Izquierda Unida abierta y permeable a lo que de ella espera la gente progresista, la gente que apuesta por una izquierda autónoma y útil, abierta y soberana, radical e influyente, sin complejos. Por ello, no quiero ocultar tampoco que me siento perplejo ante cómo se ha gestionado la victoria de las primarias con las que Llamazares fue elegido candidato a la Presidencia del Gobierno.

No soy tan ingenuo como pensar que en aquella ocasión “simplemente” se votó un candidato. Creo que aquella elección supuso un refrendo a determinada manera de concebir IU, y en ese sentido me parece ejemplar por digna y constructiva la lectura de los resultados que hizo Marga Sanz: tendió puentes desde el primer momento. Gaspar Llamazares, tras anunciar a bombo y platillo el inicio de una “refundación de la izquierda española”, se ha dedicado a manejar con torpeza ese amplio respaldo de la militancia hasta el punto de desdibujar lo que muchas y muchos que le apoyamos creemos y queremos para Izquierda Unida.

Todo el mundo me conoce en IU y sabe “de qué pie cojeo”. El problema aquí es que muchas veces nadie hace un esfuerzo por andar erguido y dejar de cojear, sea del pie que sea. He asistido a ‘lo de Valencia’ como un espectador horrorizado por el nivel de tensión y confrontación fraticida. Me he sentido cercano a postulados políticos, en lo ideológico del discurso y en lo estratégico de la política de alianzas, defendidos por Isaura Navarro y su Iniciativa del Poble Valencià… De la misma manera que me he sentido absolutamente disconforme con el incumplimiento por parte de ese mismo colectivo de lo acordado en la coalición electoral autonómica, imponiendo una correlación de fuerzas a su favor a los términos pactados. He de decir que desconfío igualmente del procedimiento con que se limpiaron los censos de la federación valenciana para la celebración de la Asamblea de noviembre, no tanto por los criterios empleados –supuestos impagos- como por el procedimiento en sí, y que la dirección de EUPV ha optado en demasiadas ocasiones por tensar la cuerda en lugar de buscar el entendimiento.

Dicho todo esto, la postura que me parece absolutamente indefendible es la de la dirección federal en todo el camino tortuoso que ha llevado hasta el Consejo Político Federal de ayer: tras ignorar, o restar importancia, o no querer ver, que en una de las dos federaciones por la que tenemos representación parlamentaria estatal, estaba abierto un conflicto encendidísimo precipitándose hacia la ruptura, en lugar de coger el toro por los cuernos y arbitrar para hacer posible una conciliación e imponer orden y respeto por parte de todos y todas a las reglas del juego… se ha optado por intervenir en el último momento saltándose toda formalidad estatutaria: convocando unas primarias desde un órgano que no tiene competencias para ello –la Presidencia federal- y sin resolución ni aval alguno del órgano colegiado de arbitraje de conflictos –la Comisión Federal de Garantías-, y haciendo concurrir a las mismas a dos candidatos y una candidata en contra de su voluntad…

Ante todo esto, la decisión tomada ayer en el Consejo Político Federal puede resultarnos dolorosa, difícil, grave, dura. Pero cualquier otra decisión lo hubiera sido también. Y creo que lo aprobado finalmente representa la única y la mejor decisión posible.

Todo esto debería llevar a reflexionar a Llamazares y su equipo más cercano de dirección. Y en realidad debería hacernos reflexionar a todos y todas.

Lo he dicho otras veces y lo repito aquí y ahora: Izquierda Unida es un punto de encuentro no sólo posible, sino real. No es que intuya que es factible encontrarse con gente con quien mantengo algunas discrepancias pero con la que puedo y me gusta trabajar: es que lo sé. Lo hago. Lo vivo. Comparto espacios de debate, de elaboración colectiva, de acción política, con muy diversos compañeros y compañeras. Y me encanta hacerlo. No me imagino militando en una organización diferente a la suya. Lo que hace falta, y lo digo por mí el primero, es quizás que dejemos de hablar tanto y que digamos y hagamos más.

Yo quiero que mi organización hable de cómo se relaciona en lo cotidiano con los movimientos sociales y la sociedad civil articulada en experiencias alternativas y progresistas. Yo quiero que mi organización debata sobre el estado del movimiento obrero y su propio discurso en este tema. Yo quiero que mi organización aborde de una vez por todas el debate pendiente sobre nuestra postura ante la prostitución. Yo quiero que no nos demos largas a nosotros y nosotras mismas cuando decimos en abstracto que hemos de superar nuestras contradicciones en materia de propiedad intelectual. Y quiero que superemos las membranas con que nos relacionamos y dejemos de presuponer lo que pensamos y defendemos y nos atrevamos a escucharnos.

Y quiero, claro, que IU sea más fuerte. Y que influya más. Que tenga más representación en el Congreso y sea más decisiva. Y que sea más amable en sus dinámicas y más justa con sus afiliados y afiliadas. Y que no haga falta que desaparezca para que nos demos cuenta de que habría que inventarla si no existiese.

Viendo la permanente obstrucción ‘zorrocotroca’ de unos y el mal ganar de otros, viendo cómo se desvirtúan diferencias políticas y se convierten en simples armas de poder, viendo cómo cada cual habla de su libro y cómo cosa que uno dice será automáticamente utilizada en su contra, siento la necesidad de testificar en esta tribuna personal que estoy cansado de todo esto, como cualquier otro u otra militante de base. Pero que a la vez, estoy todavía ilusionado porque me creo Izquierda Unida. Sin florituras, sin aseveraciones ideológicas que sienten cátedra, sin referencias bibliográficas o históricas.

Me creo Izquierda Unida. Y sé que no soy el único.

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